En San Juan nadie puede cantar victoria. Lo único seguro es la incertidumbre. Y si algo está claro, es que octubre puede convertirse en la peor pesadilla del kirchnerismo local.

El oficialismo de Marcelo Orrego salió a la cancha con todas las luces: puso a su vicegobernador y a su ministra de Gobierno en la lista, y sumó al bloquismo de Luis Rueda, ex mano derecha de Uñac. Una jugada quirúrgica: gestión, poder y aparato. Orrego no improvisa; juega para ganar y consolidar liderazgo.

Del otro lado, el peronismo parece decidido a protagonizar su propio velorio. Sergio Uñac impuso a Cristian Andino, un radical reciclado que de justicialista apenas tiene el sello, no las convicciones. Lo acompaña Romina Rosas, que en vez de hacerse cargo del incendio que vive Caucete —un departamento que arde entre deudas, servicios colapsados y bronca social— prefiere mudarse a Buenos Aires en busca de fueros. Y completa la foto Fabián Gramajo, al que lo tienen entre algodones, como si fuese la última reserva de un ejército en retirada. En el fondo, todos saben que si Andino fracasa, se abre el recambio generacional que el PJ se negó a encarar durante años. La bronca interna es tan grande que las traiciones serán moneda corriente: nadie pone las manos en el fuego por nadie.

Mientras tanto, La Libertad Avanza confía ciegamente en el arrastre de Milei. José Peluc eligió caras desconocidas que repiten como dogma lo que diga la Casa Rosada. Su consigna tácita: obediencia debida y punto final. La apuesta es simple: puro Milei, cero identidad local. Si funciona, celebran; si no, se esconden.

Y cuando todos contaban solo tres jugadores, apareció un cuarto: Hacemos por San Juan / Provincias Unidas, con Emilio Baistrocchi como outsider rebelde. Un espacio que incomoda a todos: roba votos al peronismo kirchnerizado, le disputa el centro político al orreguismo sin chocar y enfrenta de frente a Milei. Lo hace con candidatos sin pasado político, con un mensaje de renovación y con un tono incómodo para las estructuras tradicionales. En silencio, va creciendo, y no son pocos los que empiezan a verlo como el verdadero factor sorpresa de la elección.

El resto del escenario lo completan cinco fuerzas menores —el FIT, Generación para un Encuentro Nacional, Ideas de la Libertad, Evolución Liberal y alguna otra tribu electoral— que pelean más por sobrevivir que por ganar. Son espacios que buscan identidad, algunos una banca testimonial, y otros apenas demostrar que todavía existen.

Lo dicho: San Juan se encamina a una elección de final abierto, pareja entre tres, con un cuarto en ascenso y con un kirchnerismo a punto de afrontar su peor resultado en décadas. Porque cuando hay bronca, traiciones y candidatos que no representan ni a los suyos, la caída puede ser libre.

En política las sorpresas nunca avisan. Y si alguien cree que ya tiene asegurado el triunfo, lo más probable es que termine como el gran derrotado de la noche.

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