El oficio político del exgobernador, la lentitud del oficialismo y una partida de ajedrez que recién comienza.
Por Don Justo | Periodismo para periodistas
Hay partidas de ajedrez que se ganan con una jugada brillante. Otras, simplemente aprovechando los errores del adversario. Lo ocurrido esta semana con la causa del Acueducto Gran Tulum tiene bastante de ambas cosas.
Pero antes de hablar de las piezas, conviene recordar qué está en juego.
San Juan recibió un crédito internacional de 100 millones de dólares para construir una obra fundamental para el abastecimiento de agua potable. Los dólares se gastaron, la deuda se sigue pagando y el acueducto todavía no cumple el objetivo para el que fue anunciado.
Como si fuera poco, ahora se investigan posibles irregularidades en las cañerías adquiridas y en el proceso de contratación. En esa trama aparece Gustavo Monti, primo del exgobernador Sergio Uñac, vinculado comercialmente con la empresa proveedora.
El parentesco no prueba ningún delito. Pero la combinación de una obra inconclusa, un crédito millonario y contrataciones cuestionadas exige explicaciones mucho más convincentes que las conocidas hasta ahora.
No es el único caso de grandes obras pendientes. El túnel de Zonda constituye otro capítulo que merecería una investigación específica sobre financiamiento, ejecución y resultados.
Lo curioso es que, después de casi tres años de gobierno, la administración de Marcelo Orrego no haya sido la impulsora original de esta denuncia penal.
La presentación que dio origen a la investigación fue realizada por el abogado y político opositor Marcelo Arancibia.
El gobierno de Uñac se fue del poder producto de una derrota electoral, una candidatura frustrada por la Corte Suprema y una retirada bastante caótica y desordenada.
Había motivos suficientes para revisar exhaustivamente la herencia recibida. Sin embargo, el gobierno provincial eligió durante demasiado tiempo un perfil bajo.
¿Prudencia institucional? ¿Falta de decisión? ¿Ausencia de operadores capaces de transformar información administrativa en acciones concretas? Quizás un poco de todo. Lo cierto es que Orrego dejó pasar una oportunidad política que difícilmente vuelva a presentarse en las mismas condiciones.
El miércoles pasado prometía ser una jornada histórica para la política sanjuanina.
La audiencia judicial tenía entre sus convocados a Sergio Uñac y Cristian Andino, dos dirigentes con aspiraciones de seguir ocupando lugares centrales en el futuro político provincial.
La imagen de ambos sentados frente a la Justicia habría tenido un impacto formidable. Era la fotografía que el oficialismo podía soñar, Uñac y Andino en el banquillo de los acusados.
Una imagen con capacidad para instalarse en la memoria colectiva, como ocurrió con aquella célebre fotografía de José López, el exsecretario de Obras Públicas de la Nación, con casco y chaleco antibalas después de haber sido detenido intentando esconder bolsos con dinero en un convento.
Por supuesto, los hechos y las situaciones procesales son completamente distintos, pero en política las imágenes tienen un peso propio.
La fotografía de López se convirtió en un símbolo de la corrupción kirchnerista. Una imagen de Uñac y Andino sentados ante la Justicia por el Acueducto Gran Tulum podía transformarse en un símbolo del final del uñaquismo.
Las cámaras estaban listas. Los medios aguardaban. La escena prometía recorrer la provincia y el país también.
Faltaba solamente que los protagonistas aparecieran. Pero no aparecieron. Uñac y Andino no asistieron personalmente a la audiencia.
Y mientras se multiplicaban las críticas por sus ausencias, apareció otra jugada: la defensa del expresidente de OSSE, Sergio Ruiz, ya había planteado ante la Justicia federal una cuestión de competencia para que la investigación fuera examinada en ese ámbito.
La maniobra no significó que la causa pasara automáticamente al fuero federal. Esa discusión sigue pendiente. Pero la audiencia provincial terminó sin formalización y el escenario cambió. La foto no existió. La causa no avanzó ese día como estaba previsto, y Uñac consiguió trasladar parte de la discusión a otro tablero.
Eso, es oficio político.
El mismo oficio que le permitió construir poder durante años, administrar internas y sobrevivir a innumerables conflictos.
No implica inocencia ni borra las preguntas sobre el acueducto. Significa, sencillamente, que Uñac sabe jugar. Y aquí aparece el contraste con el oficialismo provincial.
Orrego lleva casi tres años gobernando, pero sigue mostrando una llamativa dificultad para tomar decisiones y una escasez de operadores políticos capaces de anticipar movimientos, construir escenarios y actuar con oportunidad.
Mientras el oficialismo parece necesitar reuniones, consultas y tiempo para cada definición, Uñac conserva una virtud que sus adversarios deberían estudiar, conoce los tiempos de la política y sabe cuándo mover sus piezas.
No necesariamente tiene mejores argumentos, pero tiene más experiencia. Y muchas veces, en política, esa diferencia alcanza para ganar una batalla.
Por supuesto que Uñac no salió indemne. Los medios cuestionaron duramente su ausencia. Estaban para eso. Se habló de posibles medidas para asegurar su comparecencia, de desafueros parlamentarios y de nuevas audiencias. El raspón político fue importante.
Pero una cosa es recibir un raspón y otra muy distinta perder la partida.
El miércoles, el exgobernador evitó una imagen que podía resultar devastadora para sus aspiraciones políticas, y dejó al oficialismo con una oportunidad que parecía servida, pero que terminó escapándosele de las manos.
¿Había existido una estrategia coordinada para conseguir aquella fotografía? No hay elementos públicos suficientes para afirmarlo. Tampoco para negarlo.
Lo que sí puede decirse es que el resultado fue políticamente favorable a Uñac, y que sus adversarios no parecieron anticiparlo.
Si prospera el planteo de competencia, la causa podría terminar en los tribunales federales de Comodoro Py, en Buenos Aires. Un escenario que el exgobernador conoce bien y donde los tiempos judiciales suelen medirse con un calendario bastante diferente al de la política sanjuanina.
No sería la primera investigación de alto impacto político que, después de ocupar durante días las primeras planas, termina durmiendo el sueño de los justos entre expedientes, recursos y planteos procesales.
En Comodoro Py, además, las cosas tienen sus propios códigos. Los expedientes no siempre avanzan al ritmo de las pruebas, y la política conoce demasiado bien los pasillos de esos tribunales.
Y para un dirigente con el oficio de Uñac, cambiar de tablero, ganar tiempo y alejar la causa de los tribunales sanjuaninos podría representar una victoria bastante más importante que evitar una fotografía.
Se aproxima un año electoral y sería ingenuo pensar que esta será la última causa judicial con repercusiones políticas.
El peronismo tendrá que dar explicaciones por las decisiones de sus gobiernos anteriores.
El oficialismo deberá responder por sus propias decisiones, por sus demoras y por aquello que haya preferido no investigar; y seguramente aparecerán nuevas carpetas, denuncias y expedientes que hoy permanecen fuera de la conversación pública. De unos y de otros.
La política sanjuanina tiene una curiosa habilidad para descubrir irregularidades justo cuando se acercan las elecciones.
Mientras tanto, la cuestión central permanece intacta. El crédito del Acueducto Gran Tulum hay que devolverlo. La obra sigue inconclusa. Y todavía faltan respuestas sobre las responsabilidades de quienes intervinieron.
La Justicia tendrá que hacer su trabajo, sin convertirse en un instrumento electoral y sin permitir que las estrategias procesales reemplacen el esclarecimiento de los hechos.
En el ajedrez político del miércoles, Uñac se llevó la jugada.
Orrego y los suyos se quedaron esperando una fotografía que nunca llegó.
Y los sanjuaninos, como siempre, se quedaron con la cuenta.












