Reforma electoral en San Juan: la pelota, el dueño y las reglas del juego.

Por Don Justo | Periodismo para periodistas

En cualquier partido de fútbol hay una regla elemental: las condiciones se conocen antes de empezar. No se cambia el tamaño del arco según quién esté atacando, ni se modifica el reglamento porque el resultado no favorece al dueño de la pelota.

En la política sanjuanina, sin embargo, esa regla parece no tener demasiados seguidores.

La provincia vuelve a discutir una reforma electoral. O, para ser más precisos, vuelve a discutir qué sistema les conviene a quienes tienen poder para decidirlo. Y aunque cambien los protagonistas, la historia tiene un inquietante parecido con otras que ya conocemos.

Hasta septiembre de 2022, San Juan tenía una disposición tan sencilla como razonable: la Ley 613-N prohibía modificar el sistema electoral durante los dieciocho meses anteriores a una elección. Una ley que molestaba porque ponía límites.

La finalidad era evidente. Evitar que un gobierno pudiera cambiar las reglas cuando ya conocía a sus adversarios, medía sus posibilidades y calculaba sus conveniencias.

Pero aquella prohibición se convirtió en un obstáculo para el entonces gobernador Sergio Uñac. El 7 de septiembre de 2022, la Cámara de Diputados derogó la ley con 26 votos a favor y 9 en contra. Al día siguiente aprobó un nuevo régimen electoral.

En apenas dos días, desapareció el límite temporal y nació el Sistema de Participación Democrática Abierta, más conocido como SIPAD. El nombre era prometedor. La realidad, bastante menos.

El SIPAD, una ley de lemas con otro nombre. Previamente se habían eliminado las PASO. Luego apareció el SIPAD, que permitía presentar varias candidaturas dentro de una misma agrupación y acumular sus votos para determinar qué espacio ganaba.

En otras palabras, una variante de la vieja ley de lemas, presentada bajo una denominación que invocaba la participación democrática.

La ironía no podía ser mayor. La Constitución de San Juan establece en su artículo 185 que el gobernador y el vicegobernador son elegidos directamente por los ciudadanos, a simple mayoría de votos y en distrito único.

¿Qué significa elegir directamente y a simple mayoría? ¿Que gana el candidato que recibe más votos individuales o que puede imponerse una candidatura gracias a la suma de votos obtenidos por otras? Esa es la discusión constitucional de fondo. Aunque en San Juan no se discute nada. Menos cuando la decisión vine puesta por el gobernador y se hace entender que se debe comunicar de esa manera. Saludo uno, saludo dos.

Y hay otro dato que suele pasar inadvertido: el mismo artículo 185 dispone que la elección de gobernador debe realizarse conjuntamente con la de diputados provinciales (proporcionales).

En 2023, ambas elecciones terminaron celebrándose en fechas distintas, pero no por una separación prevista desde el comienzo o por la intervención de la Corte Suprema que suspendió la elección de gobernador. Fue una picardía bien pensada y ejecutada. 

Mientras que los diputados e intendentes fueron elegidos el 14 de mayo, en conjunto con los diputados, la elección del Ejecutivo provincial debió realizarse el 2 de julio. ¿¿Y la Constitución?? Bien, gracias.

El caso de Uñac pone de manifiesto el hecho de cuando el inventar las reglas tampoco alcanza. El SIPAD fue una de las grandes apuestas políticas del uñaquismo. Pero no fue la única controversia electoral de aquel proceso.

Sergio Uñac también pretendía competir nuevamente por la Gobernación. Su candidatura terminó ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

El 9 de mayo de 2023, apenas cinco días antes de los comicios, el máximo tribunal suspendió la elección de gobernador. El 1 de junio resolvió que Uñac no estaba habilitado para presentarse otra vez.

Conviene distinguir las cuestiones: la Corte frenó su candidatura por los límites constitucionales a la reelección, no porque hubiera declarado inconstitucional el SIPAD.

Pero la conclusión política fue igualmente contundente. Después de modificar las reglas electorales y defender una candidatura que la Justicia terminó impidiendo, el oficialismo perdió la Gobernación.

Marcelo Orrego ganó las elecciones y puso fin a veinte años de gobiernos provinciales peronistas.

La experiencia dejó una enseñanza incómoda: cambiar las reglas puede facilitar una estrategia, pero no garantiza ganar el partido.

Uñac terminó perdiendo mucho más que una elección. La controversia sobre su candidatura y el diseño electoral quedó asociada al final de su gobierno y probablemente al suyo propio en la política sanjuanina, al menos con el poder y el protagonismo que supo tener.

Tres años después, la historia amenaza con repetirse, aunque con otros protagonistas.

Marcelo Orrego llegó al gobierno cuestionando el SIPAD y prometiendo terminar con un sistema que consideraba inconveniente para la democracia sanjuanina.

Su propuesta pública fue avanzar hacia candidaturas únicas y boleta única. Sin embargo, octubre de 2026 encuentra a la provincia todavía sin una definición.

Existen proyectos en la Legislatura. El oficialismo tiene una iniciativa. El bloquismo presentó otra. También hay propuestas de otros sectores políticos.

Pero la decisión sigue pendiente.

El vicegobernador Fabián Martín ha explicado que se espera conocer qué ocurrirá con las PASO nacionales antes de avanzar con el sistema provincial.

Puede ser una razón atendible desde el punto de vista de la coordinación electoral.

También puede convertirse en una explicación conveniente para seguir postergando una decisión que el gobernador anunció hace tiempo.

Mientras tanto, circulan distintas alternativas, desde candidaturas únicas hasta fórmulas que conservan algún grado de acumulación de votos. Incluso reaparecen, en las conversaciones políticas, ideas como la segunda vuelta electoral.

Pero aquí hay un límite que no debería quedar librado a la creatividad de los asesores: una ley ordinaria no puede modificar lo que establece la Constitución provincial. Y el artículo 185 habla expresamente de elección directa y simple mayoría. Cualquier propuesta de balotaje para gobernador debería enfrentar ese obstáculo constitucional. ¿Pero si Uñac lo hizo porque ahora no?

Cada partido tiene su sistema ideal. Curiosamente, siempre le conviene.

Detrás de las declaraciones institucionales aparecen los cálculos de siempre.

El bloquismo busca un sistema que le permita conservar protagonismo, presentar alternativas y negociar su peso electoral. Su propuesta RECO es una expresión concreta (e inconstitucional) de esa búsqueda.

El uñaquismo carga con la contradicción de haber impulsado la eliminación de las PASO y la creación del SIPAD. Hoy tiene menos margen para presentarse como defensor de reglas que él mismo contribuyó a modificar.

El giojismo vuelve a mirar con interés los mecanismos de competencia interna, aunque su propia historia dentro del peronismo sanjuanino también forma parte de las disputas que llevaron al sistema actual.

Los libertarios, por su parte, observan el escenario con una expectativa diferente. Con la figura de Javier Milei como principal referencia electoral, pueden considerar que distintos formatos les ofrecen oportunidades de crecimiento.

Y el oficialismo provincial debe resolver una cuestión más delicada: qué sistema le conviene para competir, cómo ordenar sus candidaturas y si resulta conveniente adelantar las elecciones para separarlas del calendario nacional.

Sobre esto último hay especulaciones políticas, pero todavía no una decisión formal.

Así, cada sector parece tener una preferencia. Lo que cuesta encontrar es una discusión que comience por el ciudadano y no por las posibilidades electorales de los dirigentes.

El tiempo también vota. Noviembre marcará el cierre del período ordinario de sesiones legislativas. Y aunque la Legislatura puede ser convocada a sesiones extraordinarias, el calendario electoral de 2027 se acerca.

La antigua barrera de los dieciocho meses ya no existe. Fue eliminada en 2022.

Pero que algo sea legalmente posible no significa que sea institucionalmente conveniente.

Una reforma aprobada sobre el final, cuando los partidos ya calculan candidaturas, alianzas y fechas, puede ser formalmente válida y, al mismo tiempo, profundamente cuestionable desde el punto de vista de la confianza pública.

Orrego todavía tiene opciones. Puede impulsar su proyecto, negociar una alternativa, aceptar modificaciones o incluso mantener el SIPAD.

También podría argumentar que no reúne los votos legislativos necesarios para derogarlo. Pero esa explicación sería difícil de creer cuando viene teniendo los votos para aprobar el resto de los proyectos. Sonaría más a una excusa anticipada para justificar la continuidad de un régimen que prometió reemplazar. Porque ahora entiende que tal vez le conviene.

Pero, en definitiva, lo que no puede hacer indefinidamente es evitar la decisión. Aunque no decidir también es decidir. Y dejar vigente el SIPAD por falta de resolución política sería una decisión con consecuencias electorales tan concretas como aprobar una nueva ley.

En los barrios de antes, había un personaje conocido por todos. Era el chico dueño de la pelota.

No necesariamente era el que mejor jugaba, ni el que más goles hacía. Pero tenía una ventaja decisiva: la pelota era suya.

Entonces elegía los equipos, discutía los penales, decidía cuándo terminaba el partido y, si el resultado no le gustaba, amenazaba con llevarse la pelota a su casa.

Los demás podían protestar. Pero si querían seguir jugando, muchas veces tenían que aceptar sus condiciones.

Algo parecido viene ocurriendo con las reglas electorales de San Juan.

Ayer fue Uñac, que eliminó las PASO, derogó la protección de los dieciocho meses e impulsó el SIPAD.

Hoy es Orrego, que prometió cambiar ese sistema, pero todavía no consigue —o no termina de decidir— cómo hacerlo.

Mañana podrá ser otro.

El problema no es solamente quién tiene la pelota. El problema es que seguimos aceptando que quien la tiene pueda decidir las reglas.

Porque la Constitución no pertenece al gobernador. La Legislatura no debería ser una escribanía de conveniencias electorales. Y los ciudadanos no son invitados a un partido organizado por los dirigentes.

Son los dueños del voto.

En San Juan, sin embargo, todavía parece mandar el gordito del barrio: el que tiene la pelota, pone las reglas.

Y al que no le guste, que juegue a otra cosa.

¿y la democracia? ¡Bien, gracias!

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario.
Ingrese su nombre