Por falta de competitividad para exportar y una enorme competencia de productos importados, la empresa Whirlpool anunció de manera sorpresiva el cierre de su fábrica de lavarropas del Parque Industrial de Fátima, en el municipio de Pilar, y anunció la desvinculación de 220 trabajadores.
Fuentes de la empresa precisaron que este miércoles se le comunicó la decisión a los empleados y que se está negociando con el sindicato (Unión Obrera Metalúrgica) el paquete de salida, que incluirá la indemnización correspondiente más un plus. La medida incluyó tanto al personal de producción como a otros sectores vinculados con la operatoria de la planta (por ejemplo, áreas de ingeniería, calidad, entre otras).
“Ellos también son consumidores. Ellos producen con sus manos los lavarropas, son consumidores al final del día. No los vemos solamente como colaboradores. Si en el futuro pudiéramos volver a producir, la idea es que relación sea a largo plazo”, explicaron desde la compañía al referirse a las negociaciones que se están abordando con el gremio.
Whirlpool mantendrá su oficina comercial y de distribución en la Argentina, como hace 35 años, en la que seguirán trabajando entre 100 y 120 personas, dijeron las fuentes. Según explicaron, la decisión se tomó porque “se trataba de un modelo de negocio operativo y competitivo para hacerlo mucho más ágil y eficiente, lo que no pudo lograrse en un contexto de fuerte desaceleración del consumo y aumento significativo de las importaciones”. “La idea es empezar el camino de la transición y organizarnos hacia una operación más comercial que de fabricación”, explicaron las fuentes.
La empresa aún no decidió qué hará con la planta de Pilar, que fue construida e inaugurada en octubre de 2022 para producir lavarropas de última generación y poder exportarlos en un 70%. “Hay varias alternativas pero todavía no tenemos información”, dijeron al respecto las fuentes.
“No nos dieron ningún previo aviso, nos acaban de desvincular a toda la empresa, incluido el personal de administración, recursos humanos, cierran completamente y nos trajeron un transporte para el que se quiera ir”, dijo Ignacio Cabezas, trabajador de la compañía. A pesar de la disposición de la empresa para facilitar el traslado de los empleados, la reacción fue de resistencia. Cabezas relató que se encuentran “todos en la playa” y que no se van a ir “hasta que les den una respuesta coherente”, reflejando la incertidumbre y el malestar generalizado.
En cuanto a los motivos esgrimidos por la dirección de Whirlpool, los empleados recibieron como explicación una abrupta caída en las ventas y la pérdida de competitividad de la marca en el mercado local, fenómeno que los directivos vincularon al aumento de las importaciones. Cabezas detalló que un lavarropas de la marca, con capacidad para siete kilos, se comercializaba entre 800 mil y 1 millón de pesos, mientras que “una marca china puede conseguirse a mitad de precio”, lo que habría impactado directamente en la demanda.












